Cómo se escribe ¿Corso o Corzo?
Las consonantes ‘s’ y ‘z’ nos pueden jugar una mala pasada ya que suenan muy parecido cuando hablamos (especialmente en los países americanos), y esto puede provocar que nos confundamos sobre cuándo usar una u otra, lo que puede generar errores ortográficos. En este artículo te mostramos entonces cómo se escribe corso o corzo.
Otros casos interesantes de dudas de escritura en relación con el uso de la ‘s’ y la ‘z’ son razón o rasón, hazlo o haslo, zafar o safar y pisca o pizca, entre otros.
Corzo
El término ‘corzo‘ está registrado en la Real Academia Española (RAE) por lo que existe en el español y hace referencia a un animal pues su definición es ‘mamífero rumiante de pelo gris o rojo oscuro, rabo pequeño y cuernos cortos’.
- Vimos un corzo muy parecido a un ciervo en el bosque.
Corso
El término ‘corso‘ también se registra en la RAE y hace referencia a la expedición de guerra autorizada por el Gobierno que efectuaba un buque corsario para perseguir embarcaciones enemigas:
- Una guerra de corso en el siglo XIX entre barcos franceses e ingleses.
- La patente de corso era la autorización para guerrear dada por el Gobierno.
Por otra parte, ‘corso‘ también puede usarse para referirse a alguien o algo natural de Córcega, una isla francesa en el Mediterráneo, o bien a su dialecto o lengua:
- Los corsos tienen su propio lenguaje en la isla.
- Es una tradición corsa de hace muchos siglos.
- El idioma corso es el que se habla en Córcega y en partes de la Toscana.
¿Cómo se dice corso o corzo? Esperamos te haya quedado claro que ambas palabras existen, pero mientras ‘corzo’ se refiere a un mamífero parecido al cierco, ‘corso’ está ligado a los piratas o corsarios de antaño así como a todo lo relacionado con la isla de Córcega.
Por último, existe una raza de perro llamada Cane Corso de origen italiano, siendo los animales de color negro.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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