Cómo se escribe ¿Condescendiente o Condecendiente?
La forma correcta de escribir la palabra es condescendiente, con «sc». Por otra parte, escribir «condecendiente» es caer en un error ortográfico pues esta última no existe en español.
La pronunciación de condescendiente y condecendiente es la misma, y ello es lo que provoca que haya confusión en la correcta ortografía. Ahora que ya sabes la palabra correcta, veamos cómo se utiliza.
Cuándo usar condescendiente
Condescendiente se define como: «que condesciende» o «pronto o dispuesto a condescender». Por su parte, el verbo condescender significa: «acomodarse por bondad o conveniencia al gusto y voluntad de alguien», por lo que una persona condescendiente es alguien que se muestra tolerante con los deseos o gustos de los demás.
En este sentido, una persona condescendiente también intenta comprender los sentimientos de los demás, por lo que la condescendencia está relacionada con la empatía.
Ejemplos:
- Me gusta ella porque es flexible y con una actitud condescendientes ante la opinión de los demás.
- Juan le habla a los niños de una forma condescendiente, ya que les habla despacio y pronuncia cuidadosamente.
- Es bueno ser condescendiente con los sentimientos y necesidades de los hijos.
Sinónimos de condescendiente
- Tolerante
- Comprensivo
- Benevolente
- Indulgente
- Permisivo
- Amable
- Transigente
Cómo se dice condescendiente en otros idiomas
- Cómo se dice condescendiente en inglés: condescending
- Cómo se dice condescendiente en italiano: condiscendente
- Cómo se dice condescendiente en portugués: condescendente
- Cómo se dice condescendiente en francés: condescendant
- Cómo se dice condescendiente en catalán: condescendent

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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