Cómo se escribe ¿Comienze o Comience?
¿Comienze o comience? A pesar de que ambas palabras se pronuncian de la misma forma, el modo de escribirlas es diferente y no debe inducir a error. Este problema es muy común en el idioma castellano y ocurre con muchas otras. Son las conocidas como «palabras homófonas».
A continuación despejamos todas las dudas y aclaramos cuál es la forma correcta de escribir esta palabra derivada del verbo «comenzar».
Comienze
Escribir comienze con z, es una incorrección lingüística por lo que no debes hacerlo nunca de este modo.
Comience
El término comience se refiere a la primera (yo) y tercera (él) persona del singular del presente de subjuntivo del verbo comenzar. Este verbo significa empezar o dar inicio a algo.
Ejemplos:
- ¡Que comience luego la función!
- Apenas comience a llover, nos vamos de aquí.
- Si quieres que comience a hablarte, tendrás que pedir disculpas.
Conjugación del presente de subjuntivo de comenzar
- Yo comience
- Tú comiences
- El comience
- Nosotros comencemos
- Vosotros comencéis
- Ellos comiencen
Debemos notar que ninguna conjugación del presente de subjuntivo de comenzar contiene la letra z.
¿De dónde proviene el verbo «comenzar»?
El verbo en castellano «comenzar» proviene del verbo en latín cominitiare que a su vez se compone de dos partes: el prefijo con- cuyo significado junto con otra palabra es el de junto o completamente, y el verbo initiare cuyo significado es empezar, iniciar.
Sinónimos del verbo «comenzar»
Algunos de los sinónimos más habituales para el verbo «comenzar» son los siguientes: empezar, iniciar, entablar, originar, emprender…
¿Cómo se escribe «comenzar» en otros idiomas?
A continuación te dejamos algunos ejemplos acerca de cómo se escribe «comenzar» en otros idiomas:
- Inglés: to start
- Francés: commencer
- Italiano: iniziare
- Portugués: começar
- Alemán: beginnen

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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