Cómo se escribe ¿Caso o Cazo?
El sonido de las consonantes ‘s’ y ‘z’ es idéntico en español (salvo en España) por lo que si estamos en América normalmente no notaremos la diferencia entre ambas en un discurso, pero si debemos escribir entonces sí es importante tener clara la ortografía. En este artículo comentaremos en detalle un ejemplo de aquello al mostrarte cómo se escribe: caso o cazo.
Algunos ejemplos interesantes de revisar que también tienen relación con el uso de la ‘s’ y la ‘z’ son crezco o cresco, rosar o rozar, has o haz y dizque o disque, entre otros. Pon atención porque te contamos cómo se escribe: cazo o caso.
El término ‘cazo‘, si lo buscamos en los anales de la Real Academia Española (RAE), no lo encontraremos como un sustantivo (como en el caso del femenino ‘caza’), pero sí existe como una conjugación verbal. Más concretamente, ‘cazo’ corresponde a la primera persona en singular del verbo cazar. Te mostramos algunos ejemplos:
- Siempre cazo a conejos cuando salgo de caza.
- Busco cazar a potenciales clientes para la compañía, sea por teléfono o en la calle.
Caso
El término ‘caso’ también existe en el español, y también lo hace sólo como una conjugación verbal. Correspondería entonces a la primera persona en singular del verbo casar. No es muy común encontrarse con esta conjugación en primera persona, porque normalmente nos referimos al verbo casar en los pronombres de plural, al ser una acción conjunta entre el hombre y la mujer. Ejemplos:
- Como sacerdote, siempre caso a parejas los días sábado y domingo.
- Si me caso con esta mujer, sé que me hará muy feliz.
Ahora ya sabes la diferencia entre caso y cazo, por lo que siempre debes estar atento a usar la ‘s’ y la ‘z’ de forma cuidadosa, para evitar cometer errores ortográficos.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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