Cómo se escribe ¿Brasilero o Brasileño?
Hoy nos abocaremos a analizar una duda que siempre ha rondado la mente de muchos, que es cómo se escribe entre brasilero o brasileño. El gentilicio de las personas que han nacido en Brasil es una de esas dudas que muchos nunca llegan a clarificar por completo, y esperamos que este artículo sea útil para ello. Otros ejemplos de dudas sobre cómo escribir algunas palabras son razón o rasón y amanecer o amaneser, entre muchos otros. Para mejorar tu ortografía, ademá de leer nuestros artículos, te recomendamos tener un buen hábito de lectura.
La palabra ‘brasilero‘ ahora también es reconocida por la RAE y por lo tanto existen en los diccionarios de la lengua española junto a ‘brasileño’. Sin embargo, para muchas personas la palabra ‘brasilero‘ podría tener una connotación algo preyorativa, dado que termina en el sufijo -ero. Este sufijo se ha asociado a muchas palabras de tono despectivo hacia ciertos grupos de personas, como las palabras embustero o usurero.
La palabra ‘brasileño’ es reconocida por la RAE, definiendo a una persona que es natural de la República Federativa de Brasil. Por mucho tiempo fue la única palabra reconocida por la RAE para expresar a los nacidos en Brasil, sin embargo, hoy la RAE también acepta la palabra ‘brasilero’.
Es la forma más recomendada de decir la palabra y te mostramos su significado:
- Natural de Brasil.
Ejemplo: Él nació en Rio de Janeiro, lo que lo transforma en brasileño. - Variedad del portugués hablada en Brasil.
Ejemplo: En algunas regiones se habla una especie de brasileño, una adaptación local del portugués. - Perteneciente a Brasil.
Ejemplo: La embajada brasileña.
En España es más común decir ‘brasileño’ mientras que en varios países latinoamericanos la forma más común es ‘brasilero’.
Cómo se dice brasileño en otros idiomas
Te podrá ser útil saber la traducción de ‘brasilero’ en las principales lenguas europeas:
- Inglés: brazilian
- Francés: brésilen (enne)
- Portugués: brasileiro
- Italiano: brasiliano
- Alemán: brazilian

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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