Cómo se escribe ¿Aun o Aún?
El español tiene varios adverbios, y ellos son muy útiles par ayudarnos a construir las oraciones. Sin embargo, hay muchos adverbios que generan dudas en más de alguno al momento de escribirse, pues normalmente surgen dudas sobre si colocar o no la tilde así como si escribirlos juntos o separados. En relación a lo primero analizaremos en este artículo sobre si escribir aun o aún, un adverbio muy usado en el español.
Algunos ejemplos típicos de dudas en la escritura de ciertos adverbios son alrededor o al rededor y encima o ensima, acaso o a caso y quizá o quizás, entre otros.
El adverbio ‘aún‘, con tilde, es reconocido por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE)como existente en el español, y solo se debe utilizar con tilde en los siguientes casos:
- Si se puede sustituir por ‘todavía‘.
Ejemplo: Aún está agonizando el paciente. - Si se puede sustituir por ‘incluso‘ con valor ponderativo (yendo antes que cualquier comparativo sintético, como más, menos, mejor, etc)
Ejemplo: Pedro es aún más alto que Juan.
El adverbio ‘aun‘, sin tilde y átona, también es reconocido por la RAE y se usa en los siguientes casos:
- Si se puede sustituir por ‘incluso’ y ‘ni siquiera’ con valor concesivo.
Ejemplo: Todos pagarán, aun (incluso) los que no cometieron falta alguna.
Ejemplo: María no le habló a su padre, ni aun (siquiera) lo miró.
Ejemplo: Ella fue despectiva, pero aun así le sonreí.
Ahora bien, observa las siguientes 2 frases, y mira cómo significan 2 cosas diferentes, en función de si tiene tilde o no:
- Aún debilitado, fue a trabajar (Todavía debilitado)
- Aun debilitado, fue a trabajar (Incluso debilitado, fue a trabajar)

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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