Cómo se escribe ¿Asar o Azar?
En el español es normal confundirse con palabras que se escriben diferente pero suenan igual (palabras homófonas), y en muchos casos esta confusión se da al no saber si escribir con ‘s’ o con ‘z’ ciertos términos. En este artículo abordaremos un caso dentro de esta problemática al comentarte cómo se escribe asar o azar.
Algunos ejemplos de dudas de escritura en relación al uso de la ‘s’ y la ‘z’ son loza o losa, agradesco o agradezco, enlazar o enlasar y vez o ves, entre otros.
Asar
El verbo asar es reconocido por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) y significa ‘cocinar un alimento usando el fuego directamente’. Ejemplos:
- Hoy vamos a asar un cordero con papas.
- Cuidado con el horno para que no se te vaya a asar mucho la comida.
El verbo asar también puede significar ‘sentir mucho calor o ardor’. Ejemplo:
- Con este calor nos vamos a asar en la playa.
- Ponte un protector solar o sino te vas a asar afuera.
La palabra ‘azar‘ también es reconocida por la RAE por lo que existe de igual forma en nuestro lenguaje. Según la mayoría de los diccionarios, se define como ‘casualidad’ o ‘caso fortuito’, esto es, un evento que no tiene intervención divina o humana. Ejemplos:
- El azar hizo que justo llegases a tiempo para cuando debía yo salir.
- Algunos creen en forjarse su destino y otros en el azar.
Dado que ‘azar‘ se refiere a algo incierto y no manejado o intervenido por el hombre es que a los juegos de casino, como naipes, ruletas y demás, se les denomina juegos de azar.
Para que puedas ampliar tu vocabulario en español, te mostramos los sinónimos de azar:
- Tostar
- Dorar
- Chamuscar
- Torrar
- Quemar
- Abrasar
- Achicharar
Cómo se dice azar en otros idiomas
Te mostramos cómo se traduce la palabra azar en otras lenguas:
- Cómo se dice azar en inglés: chance, luck
- Cómo se dice azar en francés: hasard
- Cómo se dice azar en italiano: caso
- Cómo se dice azar en catalán: atzar
- Cómo se dice azar en portugués: acaso

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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