Cómo se escribe ¿Amorcito o Amorsito?
La forma correcta es «amorcito«, que no es otra cosa que un apelativo cariñoso que se dan los enamorados.
Algunos ejemplos de palabras homófonas que generan dudas a causa de no saber si se escribe con ‘c’ o ‘s’ son cerca o serca, cima o sima, sita o cita y sebo o cebo, entre otras.
Amorsito
No es una palabra válida registrada en la RAE (Real Academia Española), debiendo restringir su uso al lenguaje oral.
Amorcito
La forma correcta de escritura es ‘amorcito‘ con c. Hay una regla muy sencilla que dice que si una palabra original lleva ‘s’ y termina en -ito, entonces mantiene la ‘s’ (terminando en -sito), pero si por el contrario no lleva ‘s’, debe terminar en -cito.
Como la palabra original en este caso (‘amor’) no lleva ‘s’, entonces vemos que su diminutivo deberá terminar en -cito (amorcito). Ejemplos:
- Mi amorcito, te quiero tanto.
- Tengo un amorcito de perrito, que estimo mucho.
La misma regla explicada recién también se aplica a las palabras con terminaciones en -ico, -ica, ito, -ita, -illo, -illa. Ejemplos:
- pez —> pececito (no lleva ‘s’)
- mesa —> mesita (lleva ‘s’)
Sinónimos de amorcito
Según la situación, puedes cambiar dicha palabra por cualquiera de estos sinónimos:
Adorador, amado, amante, amor, ángel, angelito, bombón, cariñito, cariño, chato, cielo, corazón, cortejador, encanto, galán, galanteador, guapo, pochola, pretendiente, querida, querido, sol, vida, tesoro.
Cómo se dice “amorcito” en otros idiomas
Para quedar bien con tu pareja o amiga/o, puedes recitarle cualquiera de estas variantes lingüísticas:
- Cómo se dice “amorcito” en inglés: My love
- Cómo se dice “amorcito” en francés: chérie
- Cómo se dice “amorcito” en portugués: querida/o
- Cómo se dice “amorcito” en italiano: caro
- Cómo se dice “amorcito” en alemán: schatz
Por tanto, aunque sean palabras homófonas en algunos países, recuerda que “amorsito” no es aceptado en el lenguaje escrito.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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