Cómo se escribe ¿Amanecer o Amaneser?
Hoy hablaremos de 2 palabras homófonas, esto es, que suenan igual pero se escriben diferente. Es el caso de amanecer y amaneser, que puede presentar confusión al momento de elegir cómo escribirla. Te mostramos entonces cómo escribir correctamente entre amaneser y amanecer y además te mostramos su significado preciso.
“Amaneser” no existe en la RAE por lo que debes evitar su uso. A continuación te mostramos el significado preciso de la palabra correcta.
Se debe utilizar “amanecer” pues es la forma correcta de escribir la palabra. Te mostramos los distintos significados que nos presenta la RAE:
- Aparecer la claridad o luz del nuevo día.
Ejemplo: Los cazadores salen a trabajar cuando amanece. - Comienzo del día al clarear.
Ejemplo: Ya ocurrió el amanecer, mejor levántate. - Estar en un lugar determinado al comenzar a clarear.
Ejemplo: Viajamos toda la noche y amanecimos en Puebla. - Aparecer una cosa al comenzar la luz del día.
Ejemplo: Amaneció una revista en mi puerta. - Oportunidad.
Ejemplo: Pronto mi vida tendrá un nuevo amanecer.
“Amanecer” es una palabra que también puedes expresar de otras formas, por lo que te mostramos sus principales sinónimos para que enriquezcas tu vocabulario:
- (verbo): clarear, alborecer, clarecer, aclarar.
- (sustantivo): alba, aurora, madrugada, amanecida, albor.
¿Cómo se dice amanecer en otros idiomas?
Siempre es bueno aprender otros idiomas, y una buena forma de comenzar es adquiriendo vocabulario. Te mostramos el significado de amanecer primeramente para el inglés y luego de forma breve en otras lenguas:
- Salir el sol: get light
- Salida del sol: dawn, sunrise
- Comenzar el día en un lugar: awake, wake up
Amanecer en otros idiomas
- Italiano: alba
- Francés: aube
- Portugués: madrugada
- Catalán: alba
- Alemán: morgendämmerung

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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