Cómo se escribe ¿Aguja, abuja, ahuja o auja? con EJEMPLOS
La forma correcta de escritura es aguja, mientras que abuja, ahuja y auja están incorrectas pues ninguna de ellas 3 existe en el idioma español.
Cuándo usar aguja
El significado más común de aguja es el que se refiere a una barra pequeña y puntiaguda de metal, hueso o madera que puede tener muchos usos. La aguja más conocida es la de metal por donde pasa el hilo, cuerda, correa, bejuco, etc., con que se cose, borda o teje.
Ejemplos:
- Con la aguja estoy bordando un adorno en el paño.
- Intenta enhebrar el hilo en la aguja, y verás que es difícil.
La aguja también puede referirse al tubo metálico de pequeño diámetro y provisto, en un extremo, de un casquillo que se acopla en la jeringuilla para inyectar sustancias en el organismo.
Ejemplos:
- Sentí el pinchazo de la aguja, y en un segundo ya estaba vacunado.
- Le tengo miedo a las agujas cuando voy al hospital.
Otros significados de aguja:
- Pieza alargada y puntiaguda que sirve para señalar las horas, los minutos y segundos en el reloj.
- Varilla delgada y puntiaguda por un extremo, generalmente de acero, que se usa en acupuntura introduciéndola en puntos determinados del cuerpo.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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