Cómo se escribe ¿Adopción o Adopsión?
La forma correcta de escritura es «adopción«, mientras que, por otra parte, «adopsión» no existe en el idioma español, por lo que no debes nunca escribirla terminando en -sión. Ya que adopción y adopsión suenan igual, esto confunde la correcta escritura, pues hay muchas palabras que terminan tanto en -sión como en -ción.
Ahora que ya está claro que «adopción» es la forma correcta, te mostramos su definición, ejemplos y otras informaciones útiles.
Cuándo usar adopción
Adopción se define como la acción de adoptar o tomar como propio algo o a alguien. El verbo adoptar significa «tomar legalmente en condición de hijo al que no lo es biológicamente», aunque también puede usarse como equivalente a acoger a un animal como mascota.
Ejemplos:
- Hemos solicitado la adopción de un huérfano, lo cual será respondido en 1 año más.
- La adopción de perros callejeros es algo que se debería promover.
Por otra parte, el verbo adoptar equivale también a recibir, haciéndolo propio, un parecer, un método, una doctrina, etc., que han sido creados por otros, o bien puede también significar «tomar resoluciones o acuerdos con previo examen o deliberación».
Ejemplos:
- Este político ha hecho adopción de ideas extremas de izquierda en los últimos años.
- La adopción de medidas más estrictas es imperativo en vista de la situación política actual.
Sinónimos de adopción
- Aceptación
- Acogimiento
- Protección
- Acogida
- Prohijamiento
- Amparo
- Acogimiento
Cómo se dice adopción en otro idiomas
- Cómo se dice adopción en inglés: adoption
- Cómo se dice adopción en francés: adoption
- Cómo se dice adopción en italiano: adozione
- Cómo se dice adopción en portugués: adoção
- Cómo se dice adopción en catalán: adopció

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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