Cómo se escribe ¿Adivinanza o Adivinansa?
La forma correcta de escritura es adivinanza, con «z». Si bien adivinansa, con «s», suena igual, no existe en el español por lo que escribirla de esta última forma es una incorrección lingüística.
Ahora que ya sabes que adivinanza es la forma correcta, te vamos a enseñar cómo usar correctamente esta palabra.
Cómo usar adivinanza
Una adivinanza se define como la acción de adivinar, aunque también significa «acertijo» o «enigma». En otras palabras, adivinanza es un entretenimiento en que se describe indirectamente y con ingenio algo que hay que adivinar.
Ejemplos:
- He hecho una adivinanza sobre el resultado del juego, y he acertado.
- Te tengo una adivinanza: si respondes bien te ganas un premio.
- A los niños les gusta que les hagan adivinanzas.
Sinónimos de adivinanza
Cuando nos referimos a adivinanza como un juego en el que hay que adivinar, te mostramos sus sinónimos:
- Acertijo
- Enigma
- Adivinación
- Charada
- Rompecabezas
- Calambur
Ejemplos de adivinanzas
- Quién bebe agua por los pies? (árbol)
- Qué animal tiene silla y no se puede sentar? (caballo)
- Cuanto más me lavo, mas sucia estoy (agua)
- Fui a la plaza y las compré bellas, llegué a mi casa y lloré con ellas (cebolla)
- Es rojo, amarillo y verde, pica pero no muerde (chile o ají)
Cómo se dice adivinanza en otros idiomas
- Cómo se dice adivinanza en inglés: riddle
- Cómo se dice adivinanza en portugués: adivinhan
- Cómo se dice adivinanza en catalán: endevinalla
- Cómo se dice adivinanza en francés: devinette
- Cómo se dice adivinanza en italiano: indovinello

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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