Cómo se escribe ¿Acerca o A cerca?
Tanto acerca (de) como a cerca (de) están correctas, pues ambas expresiones existen en nuestro idioma español. Sin embargo, significan cosas muy diferentes por lo que veremos a continuación cómo usar una u otra expresión correctamente.
A cerca (de)
«Acerca de», escrito todo junto, es una locución preposicional que equivale a decir «sobre aquello de que se trata, en orden a ello». Siendo así, es lo mismo que decir «sobre a» o «respecto a» en una conversación, y siempre va acompañada de la preposición de.
Ejemplos:
- Te quería comentar algo acerca de este asunto.
- ¿Acerca de qué querías mi opinión?
- No tengo idea acerca de ese tema.
- Este folleto es acerca del tema político.
A cerca de
Por otra parte, «a cerca de» es una expresión que se compone de la preposición a, el adjetivo cerca y la preposición de. Entonces, «a cerca de» es una locución adverbial que se usa para expresar aproximaciones de una cantidad o número, por lo que equivale a decir «aproximadamente», «alrededor» o «casi».
Ejemplos:
- La suma llegó a cerca de 2 millones de euros.
- El sarampión contagió a cerca de un 2% de los niños menores a 3 años.
- La inflación bajó a cerca de un 3% este mes.
- Vamos a ver a cerca de 10 potenciales clientes.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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