Cómo se escribe 60: ¿Sesenta o Secenta?
La forma correcta de escritura es sesenta, ya que secenta, con c en vez de s, no existe en el idioma español, por lo que esta última forma no debes usarla nunca. La confusión se puede deber a que en la mayoría de los países hispanohablantes, la c y la s se pronuncian de la misma forma cuando van seguidas de las vocales e,i. A esto se le llama seseo y es la razón de muchas otras confusiones similares, como parecer o pareser, hacia o hasia, así o ací, etc.
Cómo usar sesenta
El significado de sesenta es ‘seis veces diez’, siendo el número natural que sigue a cincuenta y nueve. Por otra parte su ordinal correspondiente es sexagésimo (esto es, cuando queremos identificar el lugar que ocupa el 60 en un conjunto).
Ejemplos con sesenta:
- Van sesenta días desde que apliqué al bono.
- Dos meses equivalen a sesenta días.
- Mi padre tiene sesenta y tres años.
- Nací en el año mil novecientos sesenta y seis.
Cómo se dice sesenta en otros idiomas
- Cómo se dice sesenta en inglés: sixty
- Cómo se dice sesenta en portugués: sessenta
- Cómo se dice sesenta en italiano: sessanta
- Cómo se dice sesenta en catalán: seixanta
- Cómo se dice sesenta en francés: soixante
Por último, no olvidar que la palabra sesenta, así como todos los otros números que indican decenas (veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, etc) se escribe siempre con una sola palabra.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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