La grafía correcta para escribir 22 en letras es veintidós. Por su parte, la forma veinte y dos, en dos palabras, debe evitarse.
Veintidós es la suma de veinte más dos. Es el número que sigue al veintiuno y precede al veintitrés. Su ordinal correspondiente es vigésimo segundo.
Por ejemplo:
- El almuerzo costó veintidós dólares.
- La carta estaba fechada a los veintidós días del mes de julio.
- Apenas han pasado veintidós minutos.
- El sobre pesaba apenas veintidós gramos.
Veintidós, así como todos los números que están entre el veintiuno y el veintinueve, que se forman por la unión o yuxtaposición de números cardinales simples, se escriben en una sola palabra, como es el caso de veintitrés, veinticuatro o veinticinco, etc.
Por otro lado, hay que advertir que no es correcto reducir el diptongo -ei- de veintidós en -e-, ni al momento de pronunciar ni al de escribir. Así, será incorrecto decir o escribir ventidós.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta