Cómo se escribe 17: ¿Diecisiete o Diez y siete?
La forma correcta de escritura es diecisiete, en una sola palabra. Se desaconseja el uso de la forma diez y siete, ya que no es oficialmente aceptado.
El número diecisiete es la suma de diez y siete, por lo que es el ordinal que va después de dieciséis y antes de dieciocho. Por otra parte, corresponde al número ordinal decimoséptimo cuando forma parte de un conjunto.
Ejemplos:
- A los diecisiete años casi se considera que un niño pasa a la edad adulta.
- El diecisiete por ciento de los encuestados prefirió no responder.
Reglas para escribir los números
Muchos podrían tener confusión al intentar escribir ciertos números ya que no se sigue un patrón lógico para su escritura.
Por ejemplo, desde el 0 al 30, todos los números se escriben en una sola palabra (uno…doce, trece, catorce,…treinta), pero desde el 31 hacia arriba pasamos a incorporar separadamente los números que conforman la cifra (treinta y uno, cuarenta y dos, etc), con excepción de las decenas (cuarenta, cincuenta, sesenta, cien, etc).
Además, hay que notar que desde el 16 al 19 y desde el 21 al 29, la escritura incorpora la yuxtaposición de los cardinales simples (dieciséis, diecinueve, veintiuno, etc), pero siempre en una sola palabra.
Datos interesantes sobre el número diecisiete (17)
- El diecisiete es el número atómico de la clorina.
- En la mayoría de los países, es la última edad antes de ser considerado un adulto bajo la ley.
- En Canada, Estados Unidos e Inglaterra, diecisiete es la edad a partir de la cual se puede donar sangre.
- En la cultura italiana, el número 17 es considerado de mala suerte. De hecho, en los vuelos de Alitalia, no existe la fila 17.
- 17 es el número para llamar a la policía en Francia.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta