¿Cebra o Zebra?【RESPUESTA FÁCIL】+ EJEMPLOS
Hoy hablaremos de zebra o cebra, 2 opciones de palabra que se refieren entre otras cosas al famoso animal con rayas negras sobre su cuerpo blanco. Ambas opciones son palabras homófonas, esto es, que tienen distinta escritura pero con la misma pronunciación.
Otro ejemplo similar en donde la ‘c’ se puede confundir con la ‘z’ en la escritura es taza o tasa o idealice o idealize. Una buena lectura es uno de los mejores métodos para mejorar la ortografía por lo que te recomendamos adquirir ese hábito que sólo te traerá beneficios.
Te mostramos aquí cómo escribir cebra o zebra.
Zebra
La palabra zebra está en desuso según por lo que no debes escribirla con ‘z’.
Cebra
La palabra ‘cebra‘ sí existe en la RAE, por lo que forma parte del idioma español. Te mostramos en detalle qué significa:
- Se refiere a 3 especies del género Equus, nativas del África austral, con un aspecto similar al de un asno, con piel de tonalidad blanca con listas transversales negras o pardas
- Paso de cebra: es un paso de peatones que se pinta sobre el asfalto cno rayas longitudinales paralelas al sentido del tráfico. Estas rayas longitudinales tienen entre 45-60 cm de ancho.y su diseño imita las listas negras de la cebra; de ahí el nombre de paso de cebra.
¿Cuál es el origen de la palabra «cebra»?
La palabra «cebra» viene del latín equiferus «caballo salvaje», usado por Plinio que acabaría evolucionando hasta la palabra ecevro.
¿Cómo se dice cebra en otros idiomas?
Si quieres aprender a decir la palabra «cebra» en otros idiomas, aquí tienes algunos ejemplos de los idiomas más comunes:
- Inglés: zebra
- Francés: zèbre
- Italiano: zebra
- Portugués: zebra
- Alemán: zebra

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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