Asada es el participio del verbo asar, es sinónimo de cocida, tostada o abrasada. La azada, en cambio, es una herramienta utilizada para trabajar la tierra.
En este sentido, son palabras homófonas en la mayor parte del mundo hispanohablante, donde no existe diferenciación fonética entre el sonido de la s y la z. En España, por su parte, son consideradas palabras parónimas, es decir, que son parecidas, pero no idénticas.
Cuándo usar asada
Asada es el participio del verbo asar, que significa someter a un proceso de cocción un alimento, o tostar o abrasar por el calor.
Por ejemplo:
- Tenemos carne asada para comer.
- Hasta que no esté asada no la puedes sacar del fuego.
Asada también puede funcionar como adjetivo. En El Salvador, por ejemplo, una persona asada es alguien de mal carácter, o propenso a disgustarse. En Perú, por su parte, es una persona avergonzada o enojada. En dichos sentidos, también puede emplearse en masculino: asado.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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