El náhuatl es una lengua con numerosas variantes que se distribuye por varias zonas del actual México y otros lugares de Centroamérica, como Nicaragua u Honduras. Hoy en día, el náhuatl cuenta con alrededor de un millón y medio de hablantes
El náhuatl ha dejado su impronta en el español y en otros idiomas universales. Muchas palabras que se usan en el día a día en diferentes países tienen su origen en esta lengua indígena. Su aportación ha sido muy importante y ha ayudado a enriquecer tanto el idioma español como lenguas de diferentes países.
Veamos algunas de las palabras más habituales en español que tienen su origen en el náhuatl.
1. Chocolate (xocoatl)
El origen de esta palabra tan familiar no está claro: existen diferentes teorías al respecto. Hoy en día, la palabra chocolate hace referencia a una sustancia dulce en estado sólido o líquido. Sin embargo, para los indígenas, el xocoatl era una bebida aromatizada con especias y de fuerte sabor amargo y picante.
Cabe destacar que el término chocolate es la palabra de origen náhuatl más internacional, ya que aparece en numerosas lenguas.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.


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